Posteado por: Fabricante de mentiras | 24 abril, 2010

Más, más, más

Disculpen el post anterior, no hubo mucha actividad creativa, sino que  simple descripción. Comencé ayer el Laboratorio de Escritura Creativa, vol. 2, esta año desde el otro lado del mostrador, y recuerdo que esta consigna fue la primera, y ayer dimos la misma a quienes asistieron. Son dos textos que me gustan, son diferentes y nacieron de la misma consigna. Espero les guste, hasta la próxima. Juani.

Consigna: Escribir un texto libre (menos de una carilla) que termine con: “por eso escribo”.

10/09/2009

Historia de la conformación del pseudointelectual con aires elitistas en la Argentina

Se sabe que hoy día se pasan el tiempo discutiendo cuestiones formales del discurso, el sentido y la semiótica de sus escritos .

Cuenta la historia que un consagrado escritor solía vestirse de civil para pasar desapercibido y deambulaba entonces por bibliotecas, librerías y casas de estudio, para vigilar la reputación de sus libros y artículos. Así fue que tras quedar satisfecho luego de uno de sus recorridos en búsqueda de vanidad, decidió refugiarse en un café. En el momento de abonar la promo “submarino + 2 churros de dulce de leche”, dejó caer accidentalmente una moneda, y lo que vio cuando se dispuso a juntarla lo sacó de quicio: un libro suyo soportaba una pata coja de la mesa. Cegado por la cólera, volteó la defectuosa cuadrúpeda, recogió su libro y su moneda, y se escapó corriendo, mordiéndose la rabia y maldiciendo por lo bajo, atropellando a toda la gente que se anteponía en su camino.

Llegó a su casa, “te estábamos esperando, hice milanesas con puré, tu comida preferida”, le dice su madre, pero hizo caso omiso y se encerró en su habitación, ahogando sus lágrimas en la almohada y pataleando el colchón. Desde afuera, sus padres le exigían una explicación, pero en ese momento un solo pensamiento revoloteaba en su cabeza: “Pucha, digo, ¿por eso escribo?”.

04/09/2009

Comunicación

Yo cantaba, ¡qué feliz que era! La liberación arriba del escenario con el acompañamiento de la banda, la mutua entrega absoluta con el público, los lugares que conocí gracias a la música. Y a la par, mi otra pasión, mis días de radio. La enorme variedad de personajes y actos que desenvolvía delante del micrófono eran los pequeños “yoes” que, me di cuenta, constituyen mi ser y que me producían una enorme alegría.

Hacía lo que siempre había querido, agradecido eternamente a la vida y a mi público. No fue fácil, claro, horas y horas de arduo entrenamiento con mi herramienta principal de trabajo, mi preciada voz.

¡Qué mano oscura me jugó el destino!, esa noche primaveral en una casa de comidas típicas en Flores. “Empanadas de carne, bien picantitas, eh”, le había indicado al mozo, quien me las trajo 15 minutos luego con una infernal actitud servil. El contacto con la carne, que siempre se espera precioso, fue fatal. La quemadura que me produjo tanta concentración calórica, sumado al picantísimo ají, arruinó mis cuerdas vocales.

Todavía hoy, como acto reflejo de aquél trágico hecho, bebo litros y litros de cerveza helada que intentan calmar mi dolor. Nada pudieron hacer los cirujanos, mi carrera vocal cayó por la pendiente, como niño que se lanzó de cabeza por un tobogán, se estrelló y se rompió los dientes. Sólo el lápiz y el papel quedaron conmigo, por eso escribo.

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Responses

  1. Bienvenido a la lista de enlaces permanentes de mi blog. Un gusto pispear aunque sea muy por arriba sus interesantes escritos.

    Hasta algún momento.
    B.

    Me gusta


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