Posteado por: Fabricante de mentiras | 12 agosto, 2010

Describiendo, caminando, mintiendo.

Me reta mi conciencia, que se llama Federica:

–– Fabricante de mentiras, bastante chanta lo tuyo, con esto de la escritura catártica.

––No, no te lo voy a permitir, es mi estilo.

––Vamos. Para tener estilo, primero hay que saber escribir.

––Es cierto, perdón.

––La próxima te quiero con una ficción.

––Veremos qué sale––le contesto, mientras mi mano escondida cruza los dedos.

¿Sabés hace cuánto no iba para esos lados? Desde que dejé de verte, más o menos; pero se sabe que uno tropieza varias veces, siempre cometiendo los mismos errores, y entonces volví para esos lados, sólo para verte. Alberdi, Goyena, Curapaligüe, Puan (¡Puan!), el parque, la plaza, la facultad, mi caballito de batalla.

Volví al lugar donde caí enamorado por primera vez (Queen), donde te descubrí y me descubrí, aunque sea nos dejamos vislumbrar un poco. Y no, el tiempo cura, dicen, o desfigura, digo;  ya no era lo mismo. No te encontré, y bien sabés que te busqué.  Volví para verte, para encontrarme, pero todo estaba confuso: el nuevo subte, el cielo por la tierra, lo negro por lo blanco y lo bolche por lo pop (decálogo del alumno de puan: 1º “Tengo rastas y vivo en puerto madero; soy de puan”; 2º “Pasado mañana, quizá haga la revolución; soy de puan”). No encontré el piano de largas y dulces melodías, no encontré al ex agente de la SIDE (ahora puestero de pelis piratas), no encontré a la vieja loca de los gatos, ni a Jaqueline Saussure, ni a las viejas peronistas, nada nada na da.

Y pensé: “las cosas cambian, y yo siempre tan igual que ni cuenta me doy”; por eso no puedo volver, porque ya todo cambió. Cuestión del tiempo será asimilar semejante revelación.

Bueno, lo que no cambió es el uruguayo que vende cuadernos y tiene un tablero de ajedrez, invitando, retando a una partida. Hace tres años le gano de la misma manera, siempre. Ese tipo es peor que yo, ése sí que no cambia. Así que jugamos una vez más, y me dejó ganarle, o jugó sin ganas, habrá visto mi cara de lunes triste, y se habrá compadecido.  Ya era tarde y quería volver, a ya no extrañar(te) nada. Creo que el uruguayo quedó caliente y quería revancha.

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