Posteado por: Fabricante de mentiras | 10 junio, 2016

Coincidencias

Son apenas ráfagas del recuerdo que te asaltan la memoria de aquella que se te ofreció con todo su corazón. Acaso provocadas por la llovizna o el día gris, no pudiste deshacerte de esas imágenes, ni de las preguntas que siguieron. ¿Por qué no aceptaste ese corazón?, ¿qué otras señales esperabas?, ¿no supiste ver? Ah, comprendiste tu soledad, la vida te fue perdonada por el vil precio de un corazón marchito, que se contrae en estos lluviosos días grises, y como un déjà vu, su ausencia es el veneno con el que partirás.

Quisiste distraerte y abriste el libro que venías leyendo, y ahí te encuentras con estos versos.

Ya no puedo encontrarte
allí en esa distancia, precisa con su nombre,
donde estabas ausente.
Por venir a buscarme
la abandonaste ya. Saliste de tu ausencia,
y aún no te veo y no sé dónde estás.
En vano, iría en busca tuya allí
adonde tanto fue mi pensamiento
a sorprender tu sueño, o tu risa, o tu juego.
No están ya allí, que tú te los llevaste;
te los llevaste, sí, para traérmelos,
pero andas todavía
entre el aquí, el allí. Tienes mi alma
suspensa toda sobre el gran vacío
sin poderte besar el cuerpo cierto
que va a llegar,
escapada también tu forma ausente
que aún no llegó de la sabida ausencia
donde nos reuníamos, soñando.
Tu sola vida es un querer llegar.
En tu tránsito vives,
en venir hacia mí,
no en el mar, ni en la tierra, ni en el aire,
que atraviesas ansiosa con tu cuerpo
como si viajaras.
Y yo, perdido, ciego,
no sé con qué alcanzarte, en donde estés,
si con abrir la puerta nada más,
o si con gritos; o si sólo
me sentirás, te llegará mi ansia,
en la absoluta espera inmóvil
del amor, inminencia, gozo, pánico,
sin otras alas que silencios, alas.

 

Pedro Salinas pareciera haber escrito a la misma mujer que escribió Gustavo Adolfo Bécquer en sus Rimas, medio siglo atrás.

 

RIMA XI
Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soyel símbolo de la pasión;
de ansia de goces mi alma está llena;
¿a mí me buscas?
                                    —No es a ti; no
Mi frente es pálida; mis trenzas de oro
puedo brindarte dichas sin fin;
yo de ternura guardo un tesoro;
¿a mí me llamas?
                                  —No; no es a ti.
Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible;
no puedo amarte.
                              ¡Oh, ven; ven tú!
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