Posteado por: Fabricante de mentiras | 29 mayo, 2020

El Naufragio – Radio XXV

 

Se hizo esperar, pero finalmente llegó el Naufragio edición Cuarentena. Episodio n° 25! La intención, como siempre, es pasar bien el rato, sobre todo ahora, en aislamiento social. Y qué mejor manera de hacerlo, sino de la mano de la poesía y la música.

Comenzamos con Wislawa Szymborska que invita a la auto contemplación con un agradecimiento: «A mi corazón un domingo». Una vez que nos miramos a nosotros, luego miramos hacia afuera, objetos, por ejemplo, que Joaquín Giannuzzi ordena en su «Poética». Jorge Luis Borges también arma su lista de «Las cosas» que lo llevan a la relfexión. Y no debemos olvidar de disfrutar lo sencillo, por eso León Gieco nos canta «Canción del jardinero» de María Elena Walsh.

El segundo bloque comienza con «Hacer es ser» de Ray Bradbury y nos preguntamos por lo que vendrá, de la mano de Oliverio Girondo y «Lo que esperamos». Eso nos invita a escuchar «Zona de promesas», de Gustavo Cerati junto a Mercedes Sosa.

Y a la postre, Nicanor Parra nos propone un «Último brindis». Y celebramos la incertidumbre con The Beatles y «Across the universe».

Cualquier comentario, crítica o sugerencia son más que bienvenidos, aquí, a las redes o al mail. Compartí, cuidate, quedate en casa. Gracias.

Transcripción disponible

[Intro]

Buenos días, buenas tardes, buenas noches, aquí su servidor, YoNi Dominguez, le da la bienvenida a una nueva emisión de El Naufragio, más que nunca, una islita de poesía en el mar de la incertidumbre. Hoy es 29 de mayo de 2020, y por supuesto, este naufragio lo dedicamos a la cuarentena. Es importante recordar que quedarnos en casa es el mejor modo de cuidarnos.

[Charly: Apaga el televisor]

Así es, gracias Charly. Este tiempo de aislamiento, de quedarse en casa, entre libros, silencio, música, recogí algunos textos para compartir y transitar de modo más ameno esta época que nos toca vivir. Y le damos la bienvenida a una conocida de esta islita, la poeta polaca Wislawa Szymborska. Ya con 73 días de cuarentena, y los que restan, acaso nos desorientamos un poco respecto de los calendarios, y si bien esta poeta, con su particular sentido del humor, nos habla del día domingo, creo que tranquilamente podemos apreciar lo que nos dice en cualquier día, en cualquier momento, porque, es inevitable, que en el aislamiento y el confinamiento, primero nos debemos reencontrar con nosotros mismos.

A mi corazón el domingo – W Szymborska

Gracias te doy, corazón mío,
por no quejarte, por ir y venir
sin premios, sin halagos,
por diligencia innata.
Tienes setenta merecimientos por minuto.
Cada una de tus sístoles
es como empujar una barca
hacia alta mar
en un viaje alrededor del mundo.
Gracias te doy, corazón mío,
porque una y otra vez
me extraes del todo,
y sigo separada hasta en el sueño.
Cuidas de que no me sueñe al vuelo,
y hasta el extremo de un vuelo
para el que no se necesitan alas.
Gracias te doy, corazón mío,
por haberme despertado de nuevo,
y aunque es domingo,
día de descanso,
bajo mis costillas
continúa el movimiento de un día laboral.

Hecha la paz y la conciliación con nosotros mismos, con nuestro órgano vital, al menos, nos queda amigarnos con el espacio que habitamos.
Volver a formar parte y reconocer todas las chucherías que juntamos, libros y discos que hemos olvidado, cartas, las personas más románticas,
fotos, digitales y analógicas, y montón de papeles a pesar del hábitat digital. Objetos en fin, que al estar en casa las 24h, les otorgamos
un nuevo significado, una nueva entidad a aquel imán de la heladera.
En una antología de poesía taoísta, leo a Lin An:

La gran mayoría de las personas,
qué vacía y mal se siente,
porque usan las cosas para deleitar su corazón,
en lugar de usar su corazón para disfrutar de las cosas.

El poeta argentino, Joaquín Giannuzzi, nos da su perspectiva desde la poesía.

Poética – J Giannuzzi

La poesía no nace.
Está allí, al alcance
de toda boca
para ser doblada, repetida, citada
total y textualmente.
Usted, al despertarse esta mañana,
vio cosas, aquí y allá,
objetos, por ejemplo.
Sobre su mesa de luz
digamos que vio una lámpara,
una radio portátil, una taza azul.
Vio cada cosa solitaria
y vio su conjunto.
Todo eso ya tenía nombre.
Lo hubiera escrito así.
¿Necesitaba otro lenguaje,
otra mano, otro par de ojos, otra flauta?
No agregue. No distorsione.
No cambie
la música de lugar.
Poesía
es lo que se está viendo.

Como colorario de este segmento, si Poesía es lo que se está viendo, y en este encierro ¿qué ve Jorge Luis Borges?

Las Cosas – J. L. Borges

El bastón, las monedas, el llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que no leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,

un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde

una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,
láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,

ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.

Empezamos con Wislawa y la apreciación del cuerpo desde el órgano vital, Mucho Corazón, Giannuzzi y Borges nos invitan a, como sugería el Taoísta, disfrutar de las cosas. Es que desde el principio de los tiempos, la poesía nos ha mostrado cómo desde lo más simple
y cotidiano, surgen otras miradas, y también, desde nuestra infancia con María Elena Walsh.

Canción del Jardinero – León Gieco

Muy bien. Apreciado el espacio personal, la flor más bella del jardín, el confinamiento de algún modo, la vida misma, nos instan a la acción.
Hacer, hacer, hacer. A propósito, el capítulo 3 de Rayuela, por si querés buscarlo, donde Oliveira se pregunta sobre el hacer y el no hacer, todo acto es la renuncia a algo que no haré, etcétera. Y en tiempos de cuarentena, ¿qué hacer? Ray Bradbury nos propone.

Hacer es ser – Ray Bradbury

Hacer es ser
Haber hecho no basta;
llenarse de actividad: en eso está el secreto.
Darse cada hora el nombre de lo acabado,
tabular el tiempo a la puesta del sol
y descubrtise en actos
desconocidos antes de los hechos
conquistados al yo secreto que tantas conquistas necesita
y que así saca
y mata la duda con el simple recurso de saltar, precipitarse, correr
para ser
el yo que acabo de descubrir.
No hacer es morir,
o quedarse por ahí y mentir acerca de las cosas
que quizá hagas algún día
¡Eso no!
El mañana vacío se queda
si ningún hombre le da vida
con su móvil manera de ver.
Deja que el cuerpo te lleve la mente…
como el perro que gu+ia al ciego;
ensaya y practica
hasta encontrar el universo del alma y el corazón
sabiendo que al moverse/ver
demuestra todo el tiempo que ¡hacer es ser!

Y mientras transitamos este periodo de distanciamiento obligatorio, de cuarentena, ¿qué sabemos del mundo que nos espera ahí afuera? ¿Qué esperamos después de esto? Después de esto, o en cualquier momento, hay quienes dirán que la vida no es sino una larga espera, pero esperá, esperar qué. Oliverio Girondo, amigo ya de esta islita, nos brinda una posible respuesta. Los textos de Girondo ponen en tensión al lenguaje, ya van a escuchar las palabras que elige, por ejemplo, y es bastante particular y creativo el modo que tiene el autor para propinar insultos y maldecir. Pero, ojo, si de repente te sentís tocado o agredido por los insultos de Girondo, dejame sospechar que, de algún modo, esos improperios son siempre en primer lugar para el autor mismo, un autor que examina con detenimiento las grandezas y las miserias, propias del ser humano. Entonces, sobre la espera, Girondo

Lo que esperamos – Girondo


Tardará, tardará.

Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos pórtasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.

Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos
del asfalto
y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la seña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad,
de bosta.

Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
—no cajas de caudales,
ni perchas desoladas—,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.

Y entonces…
¡Ah! ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía,
guardaremos silencio
para tomar el pulso a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.

La espera es otra forma de decir esperanza. Tarda en llegar, pero al final…

Zona de promesas – Cerati y Sosa.

Y sea lo que esperamos vaya o no a suceder, ¿quién puede decírnoslo? Siempre atrevido, Nicanor Parra, el poeta chileno, y para el cierre de esta velada propone celebrar

Último brindis – Nicanor Parra


Lo queramos o no

Sólo tenemos tres alternativas:

El ayer, el presente y el mañana.

Y ni siquiera tres

Porque como dice el filósofo

El ayer es ayer

Nos pertenece sólo en el recuerdo:

A la rosa que ya se deshojó

No se le puede sacar otro pétalo.

Las cartas por jugar

Son solamente dos:

El presente y el día de mañana.

Y ni siquiera dos

Porque es un hecho bien establecido

Que el presente no existe

Sino en la medida en que se hace pasado

Y ya pasó…,

                        como la juventud.

En resumidas cuentas

Sólo nos va quedando el mañana:

Yo levanto mi copa

Por ese día que no llega nunca

Pero que es lo único

De lo que realmente disponemos.

El mañana nunca sabe, estuve tentado de pasar esa canción, en el álbum Revolver. Y es cierto, acaso el día de mañana es lo único de lo que
disponemos como dice Parra. En todo caso, siempre estarán ellos, inmortales, a través del universo

Across the Universe – Beatles.

Pastilla Comunicación

Hasta aquí llega nuestro amor, querido náufrago, querida náufraga. Hemos abordado este episodio con la intención de hacer más llevadera la cuarentena, por eso empezamos apreciando a nuestro corazón con Wislawa Szymborska un domingo, y luego los objetos que nos reodean, con la poética de Giannuzzi y Las cosas de Borges. María Elena Walsh nos recuerda, en la voz de Gieco, lo maravilloso de las pequeñas cosas. Ray Bradbury, acaso impulsado por el taoísmo que apenas mencionamos a propósito de las cosas, nos dice Hacer es ser. Y ante la incertidumbre, Girondo nos cuenta Lo que esperamos. Lo que sea, en la Zona de promesas. Y como cualquier ocasión es buena para brindar, cerramos con Nicanor Parra y un Último Brindis. Sea cual sea el escenario que nos espere, siempre estarán ellos A través del universo. Antes de despedirme, especial agradecimiento a DCD y a Tamym, productores involuntarios del Naufragio, y por eso quiero dedicarles este episodio a ellos y también a Noelia. Además, me atrevo a recomendarles que busquen Boquete Podcast, poesía desde el encierro, donde Josefina Avale y Adrián Buenahora, dos radialistas apasionados, comparten poesía. En fin, mi nombre es YoNi Dominguez gracias por la escucha, si te gustó y creés que puede gustar a alguien más, compartilo, y sin más, hasta la próxima.


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